Queremos prolongar las palabras del nobel portugués José Saramago sobre el fallecimiento de Benedetti (reproducimos al final el texto de Saramago).
Cuando una luz se apaga, de pronto notamos la presencia de la sombra. La sombra es también el silencio y la ausencia de nitidez: es todo lo que no vemos, pero también lo que imaginamos. Ahora, Benedetti aparece inmóvil en el papel y crece la sombra de su ausencia: no agitará la pluma creadora, no reeditará los textos ni cambiará sus interpretaciones. En cambio, ahora somos los únicos responsables de mantener viva su obra a través de las lecturas.
Con Benedetti no sólo se apaga la esperanza de leer nuevos textos suyos: es la extinción de una voz poética familiar. Para que un autor se vuelva familiar para sus lectores hacen falta años. La obra de Benedetti muy pronto se convirtió en una lectura heredada en familia –en cuanto patrimonio cultural.
Desde ya, sus novelas son la memoria común de las dictaduras y el desgarro del exilio. Realidad retratada a través de una voz dulce y cotidiana, capaz de encarnar a un hombre preso o a una niña, seres reales más allá de la ficción. Es la conciencia del tiempo cotidiano, de ese polvo de los días que vemos caer inexorablemente.
Benedetti lo plasmó en “versos sencillos en la altura”, como acaba de expresarlo el cantautor uruguayo Daniel Viglietti. Es decir, a través de su vocación comunicante: su objetivo profundamente arraigado de comunicar lo que siente y piensa, logrando una comunicación humana y completa con su receptor. Ese receptor es el público fiel y masivo que se ha manifestado efusivamente desde su desaparición
El texto de Saramago fue el siguiente:
El texto de Saramago fue el siguiente:
"No será con todos ni será siempre, pero a veces ocurre lo que estamos viendo estos días: que, porque ha muerto un poeta, aparecen en todo el mundo lectores de poesía que se declaran devotos de Mario Benedetti, que necesitan un poema que exprese su desconsuelo y tal vez también para recordar un pasado en que la poesía tuvo un lugar permanente, cuando hoy es la economía la que nos impide dormir. Así, vemos que de repente se establece un tráfico de poesía que habrá dejado perplejos los medidores oficiales, porque de un continente a otro saltan mensajes extraños, de factura original, líneas cortas que parecen decir más de lo que a primera vista se cree. Los descifradores de códigos no dan abasto, demasiadas enigmas para descodificar, demasiados abrazos y demasiada música acompañando sentimientos que son demasiados: el mundo no podría soportar muchos días de esta intensidad emocional, pero tampoco, sin la poesía que hoy se expresa, seríamos enteramente humanos. Y esto, en pocas líneas, es lo que está sucediendo: murió Mario Benedetti en Montevideo y el planeta se hizo pequeño para albergar la emoción de las personas. De súbito los libros se abrieron y comenzaron a expandirse en versos, versos de despedida, versos de militancia, versos de amor, las constantes de la vida de Benedetti, junto a su patria, sus amigos, el fútbol y algunos boliches de trago largo y noches todavía más largas."
José Saramago
http://cuaderno.josesaramago.org/
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