Si pensamos que hace unos siglos no había imprenta. Y que, cuando inventaron la imprenta, el libro fue por mucho tiempo un objeto de colección. El hijo de Colón, Hernando, hizo lo que pudo su vida entera para juntar cuanto se hubiese publicado. Es decir, no logró acumular más de 15 mil tomos. Si pensamos que la Biblioteca del Congreso de EEUU alberga hoy más de 31 millones de libros… Durante el siglo XX el papel inundó todo, amparado por vastos tirajes.
Hasta que apareció la computadora. Ahora el papel y la pantalla conviven alegremente. Aunque, en verdad, el papel puede quejarse de desamor: poco a poco perdemos el apego por sentirlo cerca. No se olvide que la lectura en papel no sólo pasa por el ojo: además es influida por el tacto y el olfato. En cambio, la pantalla es activa. Todo escrito puede estar linkeado con otro. Las palabras comunican en un caleidoscopio de ventanas. El lector se agita buscando más y más información. La lectura digital se ha vuelto un incesante revolotear en busca de informaciones.
El mejor ejemplo de lo que decimos es esto: este blog.

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