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martes, 21 de agosto de 2012

La plenitud como camuflaje y anacronía. "Sed de fluir" de Pablo Fante

Plenitude as camouflage and anachronism, Pablo Fante’s Sed de fluir


Autor: Christian Anwandter
(París, Francia)
  Publicado originalmente en Revista Laboratorio (Universidad Diego Portales) (2012)
 
 
 
RESUMEN
Sed de fluir es el primer libro de poemas de Pablo Fante. Esta “nota” propone una interpretación de un rasgo característico y paradójico del poemario: la plenitud formal y subjetiva.
Palabras clave: poesía, plenitud, camuflaje, anacronía.
ABSTRACT
Sed de fluir is Pablo Fante’s first book of poems. This “note” proposes an interpretation of a particular and paradoxical trait of the book: formal and subjective plenitude.

Keywords: poetry, plenitude, camouflage, anachronism.




El movimiento es pérdida de una energía que la quietud parece reservar para tiempos de escasez. El deseo de moverse, en cambio, se da en un instante de crisis o de imposibilidad. El título del primer libro de poemas de Pablo Fante2, Sed de fluir (Chancacazo Publicaciones, 2010), encierra en sí una paradoja, ya que la forma en que se presenta el deseo-necesidad (la sed) no es adecuada necesariamente a su objeto (el fluir), como quien dijera que tiene “hambre de agua”, o “sueño de levantarse”. Mientras el movimiento y la fluidez marcan su ambición vital, la sed, en principio motor del movimiento, se anuncia como el principal obstáculo para la plenitud. Hay desgaste en cualquier caso. El sujeto del deseo (o de la necesidad) está obligado a enfrentarse a la economía su organismo. Y este organismo, como veremos, se constituye de dos cuerpos entrelazados. A primeras, el libro pareciera ofrecernos la expresión de la ausencia de un estado deseado. La pregunta es si la poesía responde a esa carencia o bien si es una de sus formas específicas (dislocada: ya no como sed, sino que como poema).
Este desajuste entre la forma del deseo y su objeto se replica, en cierta medida, en los dos cuerpos que entretejen el conjunto de poemas. Por una parte, el “cuerpo” textual, cuyos procedimientos y criterios de organización configuran formas más o menos estables. En el libro de Fante, la forma remite al modelo del soneto, sin nunca efectuarlo cabalmente de acuerdo a sus preceptos clásicos. Se trata de un libro “sonetizado” o “sonetizante”, dependiendo del punto de vista del lector. Por otra parte, el lenguaje denota un cuerpo, lo tematiza, lo cuenta y escudriña. Es un cuerpo humano en general o un cuerpo particular, o una figura que los engloba a ambos. Es facultad del lenguaje el referirse a una realidad universal sin que podamos cernir su concreción particular. Y al hacer uso de esta facultad, al universalizar enunciados que se organizan en torno a un “yo”, nace una tensión entre esta generalización y su contorno formal.
La organización progresiva y en tres partes del libro añade una dificultad más a la lectura. Cada una de ellas aborda aspectos de la búsqueda por la fluidez  a través de hitos narrativos que tienen como núcleo las vivencias e indagaciones de un “yo”, singular y plural al mismo tiempo. Es aquí donde Sed de fluir propone una equivalencia entre su orden expresivo y el orden de la experiencia, entendida como el espectro referencial de sensaciones, pensamientos, deseos y movimientos que se despliegan en torno a este “núcleo” en primera persona (que oscila entre el uso del “yo” y del “nosotros”). Mientras en la primera parte se presenta al individuo desgarrado por el deseo descubriendo el amor y su pérdida, la segunda ahonda en las insuficiencias del cuerpo enfermo y doliente (en su “Nota preliminar”, Juan Cristóbal Romero sugiere el carácter biográfico de esta sección). Lo que parecen ser dos caminos sin salida encuentran, en la última parte, una apertura espiritual, donde el individuo articula su experiencia al mundo mediante la entrega de sí, la exacerbación de los sentidos, y una atención particular a la porosidad del cuerpo, vínculo a una realidad espejeante y en devenir. Se trata de una progresión ascendente que logra – al menos a nivel de lo enunciado – la fluencia deseada desde el título.
El libro se ordena bajo el signo de esta victoria. La sintaxis, a ratos cercana a lo gongorino  (“que el debido, en el placer, sacrificio” [Fante, 9]), unida a un lenguaje aliterante y visceral, produce un carnaval de contorsiones, dan cuenta del movimiento y de su búsqueda, haciendo del verso un espacio atiborrado donde se apretujan sílabas e ideas. Es, de hecho, en el trabajo artesanal del verso desajustado y carnavalesco donde se efectúa muchas veces la fluencia añorada.
En este sentido, la dicción pareciera ser posterior a la experiencia, ya que no hay variación formal notoria a lo largo de la progresión subjetiva de la experiencia. No es que una cosa debiera acompañar a la otra, pero cuando esta progresión espiritual se expresa con procedimientos similares a pesar de recorrer momentos experienciales disímiles, es necesario renunciar a la expectativa de ver las formas ir a la par o a contrapunto de los hitos de la progresión, o dejar de prestar tanta atención a los procedimientos de escritura utilizados. Es el lector, por sí mismo, el que tiene que enfrentarse con esta dificultad.
La insistencia en un mismo gesto de escritura hace de Sed de fluir un libro que no hace concesiones. Por lo mismo, impone sus exigencias. La pregunta que surge es por qué el autor escoge entregarnos un sentido de la experiencia, a contracorriente – en apariencia – de gran parte de la poesía del siglo veinte. ¿Acaso el mundo de hoy es mejor o tiene mejores perspectivas que antes y el poeta puede nuevamente ofrecernos un sentido, al punto de que nuestros conciudadanos debieran seguirlo, como tomados de la mano de un nuevo Virgilio? Es evidente que no. No deja de ser interesante que mientras buena parte de la poesía chilena ha seguido el mandamiento parriano de bajar a los poetas del Olimpo, Fante termina su libro encaramado en “el monte de olivos” (Fante, 68). Podemos imaginar perfectamente que ese es el orden en que los poemas fueron escritos. Sin embargo, cortar la cronología en su cúspide pareciera sugerir que después ya no hay más poemas o bien que ya no hay más “experiencia” posible. Los poemas también pueden haber sido compuestos para la progresión. En cualquier caso, al barajar las cartas de otra manera, el libro de Fante perdería una de sus características esenciales.
Y es que, más que una progresión cronológica de la (o su) experiencia, Sed de fluir puede leerse como un ordenamiento anacrónico de la experiencia del deseo. Es un orden, en la medida en que hay segmentación de la experiencia en etapas distintas y que reciben un sentido. Y hay anacronía, en la medida en que hay algo que da la sensación de no pertenecer a nuestro tiempo, y que a la vez se presenta a nosotros abriendo nuestro presente a lo atemporal, o como si se nos sustrajera de nuestro presente.
El libro de Fante sustrae al lector de su presente. Desaparecen los signos – supuestos – de lo actual. En cambio, se multiplican elementos del pasado en buena parte de los procedimientos que utiliza (rima interna, aliteración, cuidado métrico, etc.).  Presencia espectral del pasado subrayada, además, al componer las unidades del poema con trozos de lenguajes provenientes de épocas disímiles, desde lo barroco a lo petrarquista, pasando por el surrealismo (“el parlanchín molusco” [Fante, 15]). El lenguaje se viste de arcaísmos (“dónome”, “do desvivo” [Fante, 29]) y superpone categorías y mitos (el de la androginia o el de Ícaro, por ejemplo). Las ninfas, la alusión a divinidades griegas, el concepto de “imaginativa” (Fante, 39), cercano al lenguaje de Sor Juana Inés de la Cruz y proveniente de la escolástica, se mezclan con el uso de la medida del kilogramo, mucho posterior. La medicina moderna y su sala de operaciones, por ejemplo, recibe un tratamiento que lo acerca a lo ritual:
y el médico, tal semidiós, nos alza:
pega a nuestra materia más materia,
abriéndonos de corazón a médula. (Fante, 43)
Por otra parte, las formas revestidas por los poemas son formas culturales de prestigio. Al vestirse de ellas y probar su capacidad de dar cuenta de la experiencia o de constituirse en ella, Fante se sitúa en las antípodas de la idea según la cual la historia determina la experiencia. ¿Cuál es el estatuto de estas formas? ¿Se trata de una adhesión a los valores de la tradición, o bien de un mecanismo de travestismo posmoderno? De la respuesta a esta pregunta nacen lecturas distintas. Por una parte, no hay sospecha del gesto efectuado. Por otro, asistimos a un patchwork irónico. O concluimos que hay afirmación casi objetiva de realidades culturales que permiten dar cuenta de narrar una experiencia universal, o deducimos que la experiencia es un montaje imposible de adherir a lo contemporáneo (donde la adhesión a lo contemporáneo sería indirectamente criticada).
Hay, probablemente, algo de ambas cosas. Sed de fluir es un libro “religioso” en la medida en que intenta superar la división del hombre y de lo real. Y es en esta religiosidad en que los dos elementos convergen. La divinidad que se revela no es una plenitud a la cual el “yo” se supedite y de la cual dé cuenta fidedignamente. El Dios revelado a lo largo del libro es uno “de ausencias y pasión” (Fante, 59). Es esa ausencia en la divinidad lo que abre el camino a la anacronía, lo que amarra esas formas culturales de prestigio a la experiencia de la realidad con el fin de dar cuenta de ese vacío. El trabajo de ensamblaje anacrónico de la experiencia lo satura, y responde a su exigencia. Al mismo tiempo, la concepción espiritual y porosa del cuerpo permite articularlo a la pasión, medio en el cual la fluidez encuentra menos obstáculos.
Es curioso que el libro sólo se presente “desnudo de sed” (Fante, 63), pero no de las formas que reviste para alcanzar el movimiento. Y es que, nos parece, las formas revestidas en Sed de fluir son un tipo de camuflaje. La anacronía es el traje utilizado para lograr el objetivo fijado. Uno de los riesgos implícitos de toda escritura del movimiento es “ser influenciado”, generando un movimiento que no es sino repetición de un movimiento generado por otro. En este sentido, la tradición es una amenaza, por cuanto ejerce influencia sobre escrituras posteriores, incorporándolas a su círculo de poder. Los epígonos rara vez alcanzan el mismo grado de circulación pública que la de sus modelos. Son, de cierta forma, confinados por ellos. Los retazos de lenguaje barroco, petrarquista o surrealista, son los pedazos de esa tradición que Fante adhiere a su piel para avanzar en su búsqueda de la plenitud. Esto le permite, a los ojos de los representantes de la tradición, o a la exigencia de la tradición incorporada subjetivamente, pasar subrepticiamente de largo, hacer una pequeña reverencia a esos autores que lo han marcado pero, al mismo tiempo, quitarles una prenda para seguir su camino.
De ahí uno de los efectos más complejos de asir del libro. Y es que hoy en día, la tradición representa, para muchos, la inmovilidad. Y resulta difícil comprender por qué, para saciar la “sed de fluir”, el autor recurre a la forma – aunque sea desajustada – del soneto, no haciendo uso de cierta libertad formal conquistada por la poesía del siglo veinte. ¿Es la percepción del valor de la tradición lo que determina la estrategia de Fante? La ironía o pillería de Sed de fluir viene de los placeres prohibidos que se inventa y que luego transgrede, como quien escogiera ponerse una sotana para sólo luego, desde la autoridad que se representa, practicar su propia religión, consciente de la herejía. Este placer pagano se refleja en la capacidad de refigurar verbalmente la realidad. No es de extrañar que esta plasticidad verbal esté estrechamente relacionada al (auto)erotismo:
Los días huyen, sin ti, mi añorada,
y algo me puja voraz en la dermis
volviendo al sexo de pronto el carozo,
núcleo dulzón de mi cuerpo, que exige;
crece en mi sangre, deforma mi vista,
me ahueca un hambre y me pierdo en deseos:
una criatura me crece, un conejo,
un miedo célere a la soledad;
los acicates ingiero, el cacao
tras los moluscos más vivos que carnes,
y vierto en lunas mentales mi crema;
tras el relajo resurges, mujer,
orbe de honduras, promesas, de sales,
dando a mis ojos del pene pensares. (Fante, 13)
Ejemplos de esta jovialidad verbal, donde lo inusitado viene a dislocar la anatomía verbal del cuerpo usualmente utilizada no faltan, ofreciendo imágenes que oscilan entre el humor, lo surrealista, y lo enigmático.
Este placer es esencialmente individual. Del lector depende detectar o no el camuflaje, y las operaciones que se llevan a cabo bajo su apariencia. Pero, ¿qué pasaría si Fante le prestara a los lectores los elementos que conforman su camuflaje, es decir, si los explicitara? Así, la universalización del “nosotros”, puede generar distancia o adhesión, dependiendo de las filas en que lo situamos.
Hay una arista política en el asunto, pues el trasfondo del libro es la promoción y la censura de ciertas formas de placer en la sociedad. ¿Cuál es la deseabilidad de la poesía hoy en día? ¿Qué forma de placer fomenta? En muchos aspectos, ella misma es anacrónica. El libro de Fante, cercano en su concepción teatral de la poesía a Paulo de Jolly o Bruno Vidal, nos subraya este rasgo. La forma escamoteada y travestida de placer de Fante no es ajena a la sobre-producción de imágenes con las que las grandes tiendas forjan deseos colectivos de consumo. Responde a ella, en cierta medida, contraatacando con la panoplia de imágenes y estilos producidos por la poesía durante siglos. Utilizando un lenguaje común ya en desuso (el de la tradición poética) para generar y sustentar un deseo individual – aunque esta individualidad es indisociable de un lenguaje compartido –, Fante esboza una forma curiosa de resistencia a la estandardización colectiva del deseo. En esto, me parece que una aproximación a Sade es posible. Los poemas de Fante no son – respondiendo a la pregunta planteada en un comienzo – una forma dislocada de una carencia. Son más bien una forma anacrónica y camuflada de la plenitud. De ahí su carácter desconcertante.




Bibliografía:
Fante, Pablo. Sed de fluir. Santiago: Chancacazo Publicaciones, 2010. Impreso.

lunes, 25 de abril de 2011

Contra la muerte



Hoy se agotó el soplo vital de Gonzalo Rojas.

No podré más que extrañar su obra. Quiero decir, no podré extrañar a la persona, considerando que a él, personalmente, nunca lo conocí.

Aunque pensándolo dos veces, en realidad sí lo conocí, por no decir: lo entreví. Fue hace unos siete años o más, en París. Gonzalo Rojas leyó algunos poemas en la Maison des Amériques. Más bien diría que entretuvo a la audiencia, convirtiendo sus poemas en materia de un show teatral: un monólogo cómico. Al terminar el espectáculo, la gente (gran mayoría de chilenos) se acercó a él para solicitarle una firma o simplemente felicitarlo. Me dejé llevar por la masa y, tras una breve fila, le pedí al vate que firmara uno de sus libros, que adquirí en México. Es un bello tomo, en formato grande, depurado, con ilustraciones de Roberto Matta. Gonzalo Rojas se quejó de inmediato por todas las erratas del tomo. Aún así, bajó del Olimpo como tan bien sabe hacerlo y accedió a firmarlo. Al parecer no oía bien, porque firmó lo siguiente: "A un elefante".

Un chileno que en la época debía tener mi edad actual, quizá algo más, y que visiblemente tenía mejores contactos que yo con el Parnaso chileno, me contó que Rojas pedía al final que lo sacaran de las formalidades y que se fueran todos (vaya uno a saber quién) a beber tranquilamente.

Recuerdo, ya más lejos en los meandros de la memoria, cuando descubrí la Antología de aire del FCE en la biblioteca del liceo. Con dos amigos sólo podíamos exclamarnos, en nuestra tierna adolescencia: todos los poemas brillan.

domingo, 23 de enero de 2011

Sed de fluir (2010), de Pablo Fante - prólogo de Juan Cristóbal Romero




Hay en las tradiciones herméticas una doctrina según la cual el ser humano primordial contendría un cuerpo de ambos sexos. En el origen de la creación, este ser andrógeno habría sido dividido en sus opuestos condenándosele a anhelar su mitad perdida en un firme deseo cuya culminación se mantendría eternamente aplazada. Tal tradición, que se remonta posiblemente al mito platónico de los seres esféricos, se haya presente en la poesía de todos los tiempos: en el amor udrí de la lírica persa, en las canciones provenzales y en los sonetos del dolce stile novo a partir de los cuales esa doctrina irradió un extenso influjo sobre gran parte de la poesía moderna. Como Guillermo de Aquitania, como Dante, como San Juan de la Cruz, de cuya balbuciente dicción es deudor, Pablo Fante retoma una vez más el mito haciendo suyos los mismos recursos técnicos –la rima, la aliteración, las variantes métricas– con que los antiguos poetas cantaron sobre el amor idealizado.

La lectura de Sed de fluir no es fácil; contiene una carga intelectual evidente. Da la impresión que la conclusión de la idea queda siempre pendiente, discontinuada. Para su apreciación cabal se hace necesario descorrer cada una de las telas con que la exuberancia léxica y la maestría retórica han vestido de velada claridad el núcleo del poema. El retraso en la comprensión del sentido –como si su desciframiento fuera parte de un cortejo platónico– no hace otra cosa que aumentar a cada relectura el deseo de captar su esencia. Poesía rica en versos de un álgebra que no acaba nunca de despejarse.

Producto del singular hermetismo, cualquier acercamiento introductorio a este libro no pasará de ser la transmisión de una experiencia superficial y prescindible. Con todo, es posible señalar ciertos aspectos estructurales, esa matemática encubierta que trasciende la experiencia subjetiva y que viene al caso hacer notar toda vez que insinúa los propósitos estéticos tras la obra.

En Sed de fluir gozan de especial protagonismo una suerte de sonetos de rimas en desorden, mejor llamados catorcetos –según expresión acuñada por Miguel Arteche– en los cuales se evidencia una mayor libertad en el uso de la rima y la métrica que aquella que promulgara el preceptismo clásico. Tales modificaciones formales, junto a la incorporación ocasional de tópicos grecolatinos, nos retrotrae a los ejercicios parnasianos, precursores del versolibrismo, con los que los poetas de la segunda mitad del siglo XIX pusieron de manifiesto su especial cuidado en el vínculo entre signo y contenido a contramano del relajo formal del romanticismo francés. Tal conexión entre forma y fondo puede aquí apreciarse en la sólida y ambigua utilización de la rima, ese encuentro feliz, en palabras de Válery. La filosofía según la cual el anhelo de unión culminaría con el enlace de los sexos reunidos por un “sacro soplo” presenta su correlato directo en los arreglos de la rima. En ocasiones se la hallará pareada, verso a verso, sugiriendo un encuentro súbito, aunque efímero; en otras, se abrochará a varios versos de distancia, cuando ya la expectativa rítmica parecía perdida, sugiriendo esta vez el retardo de la unión sexual con la consecuente ampliación del deseo erótico, según recomienda la doctrina del amor cortés.

De las tres secciones, la central es donde se hace menos evidente los motivos arriba expuestos. Asimismo, es la más clara y, acaso, biográfica. Su función en el plan del libro se justifica en tanto refuerza la idea de que el cuerpo, esa materia frágil y limitada, es un impedimento para que alma aletee hacia la altura.

Tuve la suerte de conocer estos poemas antes de ser publicados y discutir con su autor la pertinencia de ciertos giros sintácticos más o menos inusitados que a la luz de mi primera y poco detenida lectura se me hacían, a lo menos, arbitrarios. Ahora, con la claridad que otorga el tiempo, me resulta imposible pensar que pudieran haber sido escritos de otro modo. El efecto de unos versos admirables procede a veces del desorden que introducen en el orden esperado.

Sed de fluir (2010), de Pablo Fante - portadas alternativas, por Adolfo Bímer



El cuerpo como Ícaro: "Sed de fluir" de Pablo Fante, por José Luis Fernández Castillo





José Luis Fernández Castillo: Doctor en Letras por la Universidad Complutense de Madrid (España); Universidad de Queensland (Australia).





La poesía surge en Occidente, desde sus orígenes, como discurso heterodoxo del cuerpo y sus desórdenes, testimonio de sus dolencias y padecimientos, de sus limitaciones temporales y materiales. La palabra poética no concibió en un principio al espíritu como una entidad ajena o separada a lo carnal, sino como expresión auténtica de sus confluencias más íntimas. “Mi lengua queda rota, un suave fuego corre bajo mi piel, nada veo con mis ojos, me zumban los oídos, brota de mí el sudor, un temblor se apodera de mi toda, pálida cual la hierba me quedo y a punto de morir me veo a mí misma”, escribe Safo describiendo los estragos que el amor produce en su cuerpo. Puesto que también el propio poema – afirma Platón en el libro décimo de la Politeia– es principio deletéreo, desorden tóxico que causa “estragos en las mentes de los que los oyen, cuando éstos no poseen el antídoto conveniente”.

Pablo Fante parte en su poemario Sed de fluir de una comprensión carnal del texto poético. La forma del soneto reclama en este libro su íntima conciencia corporal para sufrir las elevaciones, éxtasis, caídas, quebraduras y supervivencias de un cuerpo cuyo límite o epidermis está constituida por la propia materia versal. Traductor del Bernard Noël de Extraits du corps, Fante comparte con el autor francés un análogo entendimiento de la poesía como auscultación minuciosa, sin paliativos ni falsarias dulcificaciones, de la vida entendida principalmente como experiencia estrictamente corporal. En una época dominada en lo científico por el paradigma de la denominada “embodied mind”, Fante revitaliza desde nuestro horizonte postmoderno el mito del alma como potencia imaginante del cuerpo, o el mito del cuerpo como plena anima mundi capaz de hallar en sí la clave para salvar la distancia entre la materia orgánica y la inorgánica, entre el sujeto corporizado y las cosas. El cuerpo del espíritu o el espíritu del cuerpo, en constante quiasmo, anhela y busca una fluidez originaria: una sed de fluir no sólo en otro cuerpo –a través de un erotismo cuya opulencia barroca y tensión carnal alejan de cualquier deriva convencionalmente platónica– sino en sí mismo, en su propia materia y gravedad. Aquí tiene cabida también el viejo sueño de volar que tantas tradiciones iniciáticas convirtieron en máxima aspiración. Muchos poemas de este libro marcan la deriva de una materia que intenta rebelarse para ascender llevado por una ligereza extática:
Doblado por los kilos este cuerpo,
o, sin más, atraída la cabeza
por raíces que asoman de la tierra,
me derrumbo y al suelo me devuelvo; (…)
 y luego, ver el cielo deslumbrante
de fuego que nublado sólo vemos,
soñándonos el agua y el diamante;
en sobrehumano esfuerzo me enderezo,
y he aquí que sobre tantos años vuelo,
ahogado en nubes ígneas y excitantes.
El cuerpo resplandece o se eclipsa en mitad de una “lucha de la materia y de lo etéreo”, dividido entre el impulso ascensional que aligera y la prevaleciente condición temporal de la carne, que acaba por imponer sus limitaciones y caducidades. Las tres partes del poemario discurren por tres hitos sucesivos: la pareja erótica comprendida como recomposición del andrógino original, la lucha con las dolencias del cuerpo y, finalmente, la entrada en la más perfecta introspección del espíritu, allá donde la carne es solo testigo de su imposible sueño de plenitud eterna. El diálogo con la divinidad que ocupa esta postrera parte del libro constituye la denodada tentativa del autor por convertir el lenguaje poético en el débil eco de una visión trascendente que sobrevive ya tan sólo como prolongada distancia del cuerpo con su anhelo de supervivencia. “Desnudo de sed, reposo la frente en la realidad”, escribe Fante en un texto de la última parte del libro, como si el transcurso introspectivo que el poemario traza condujera a una reconciliación: el cuerpo vuela para caer de nuevo en sí mismo y aceptar acaso su íntimo destino de materia orgánica.

El quevediano conflicto entre la posteridad del amor y la material consumida resuena en unos poemas que hacen del barroco español sustrato de nutricios estímulos. Pero no cae el autor en la mera reconstrucción arqueológica de resonancias y alusiones más o menos eruditas. Bien es cierto que la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, y en especial su Primero sueño, brilla como uno de sus referentes mayores en muchos pasajes del poemario. Cuando el autor se centra en la reconstrucción de los procesos de la digestión o menciona cualidades de fisiología aristotélica como “la imaginativa” nos lleva a la memoria de unas fuentes contempladas, no obstante, con la distancia de la ironía y el humor. Y acaso sea este último atributo, el humor, en su vertiente más inclinada hacia el absurdo, lo que destaque con especial vigor en el lenguaje de Sed de fluir. Arcaísmos lingüísticos (“la mi sangre”, “cáigome”…) se combinan con imágenes de furor sexual que colindan con lo grotesco o lo surreal (“una criatura me crece, un conejo”, “moluscos más vivos que carnes”), enrareciendo el lenguaje con una audacia enconada que tiene algo del placer lezamiano por el juego poético inasequible a convenciones y sobriedades.     

Pablo Fante ha escrito un libro complejo, cuyo lenguaje se revuelve en continuos retruécanos y niveles de lectura. Su inmediato valor procede de su carácter insólito en el panorama de una postmodernidad que en el ámbito hispánico discurre por senderos muy distintos, en gran parte marcados por la tradición poética anglosajona. Si un poema tiene la edad de los ecos que en él se escuchan, la poesía de Fante es muy vieja y sin embargo acaba de nacer o está en perpetuo nacimiento, como le sucede a la obra que encierra complejidad fecunda.

lunes, 8 de noviembre de 2010

En la Feria Internacional del Libro de Santiago (7 nov. 2010)

Pedro Pablo Guerrero, Thomas C. Rothe, Galo Ghiigliotto y Pablo Fante


Presentación del libro La alteración del silencio, poesía norteamericana reciente (Santiago, Editorial Cuneta, 2010), compilada por William Allegrezza y traducida por Thomas C. Rothe y Galo Ghigliotto.

Cabe notar la increíble pirueta lingüística que permite que, en esta feria santiaguina, Chile sea el invitado de honor de... Chile (sorprendente, por mucho que se celebre el bicentenario):

domingo, 15 de agosto de 2010

100 poemas (y más) contra el indulto a violadores de derechos humanos


El mes pasado (julio de 2010) se efectuó una lectura en contra del indulto a violadores de derechos humanos, frente a la Moneda. El acto tuvo un cierto aire de "testigos de Jehová", fue esencialmente simbólico, pero permitió al menos hacer confluir a escritores diversos con una directiva ética clara y necesaria.

La totalidad de textos (que superan los cien indicados) se encuentran en un blog (haz clic aquí).


Mi aporte fue el siguiente:




Púdico y sonrojado cual la sangre,
en el fragor de su pasión se entrega
el hombre contra el hombre –en hueso roto
por otro calcio hasta la astilla y médula–;

turbio y cabreado en contra de la carne
desviste el bruto cuero y se cornea,
traidor, al trizar de cuajo el lomo
al azar ideológico so férula;

no hay gracia para el hombre que se niega
sino olvido y más nada, albor desnudo:
no hay perdón tras la muerte mas refriega,

la guerra que alza pálida su muro
–más talión–, y detrás el ojo, el pasmo,
la gris espera de los ciudadanos.

(Pablo Fante).

martes, 15 de junio de 2010

Traducciones inéditas de Gérard de Pompiffier





Traducciones y un poema propio de Pablo Fante en homenaje a Enrique Lihn, publicados en Revista VA, n. 0, Santiago, 2007.





A la que está tranquila (Mallarmé)

No me acerco esta noche a vencer tu cuerpo, oh bestia
que arrastras los pecados de un pueblo, ni a cavar
en tu cabello impuro una triste tormenta
bajo el tedio incurable que derrama mi beso:

pido a tu lecho el sueño pesado sin los sueños
planeando en las cortinas ignotas de la culpa,
y que puedes probar tras tus negras mentiras,
tú, que sobre la nada sabes más que los muertos.

Porque el Vicio, royendo mi nativa nobleza
como a ti me ha marcado con su esterilidad,
pero, mientras tu seno de piedra es habitado

de un corazón que el diente de ningún crimen hiere,
huyo, en derrota, lívido, me acosa mi sudario:
de morir temeroso cuando me acuesto solo.


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El bufón corregido (Mallarmé, versión de 1863)

Por sus ojos –por nadar en esos lagos, de muelles
que bellas pestañas siembran y que azul mañana cala,
he, Musa –yo, tu bufón–, saltado por la ventana
y huido nuestra barraca donde humean tus quinqués.

Y, de hierba borracho, me zambullí, artero,
en lagos prohibidos, y, cuando me llamabas,
bañé mis miembros desnudos en la onda de albos guijarros,
olvidando el traje bufo por sobre el tronco de un haya.

¡El sol de la mañana secaba el nuevo cuerpo
y sentía refrescarse lejos de tu tiranía
la nieve de los glaciares entre mis carnes saneadas,

no sabiendo, sin embargo, cuando se iba en el agua
el sebo de mis cabellos y el afeite de mi piel,
Musa, que esta mugre era todo el genio!



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Valvins (Valéry)

Si desanudar quieres el bosque que te airea
en jolgorio, te fundes con las hojas, si estás
en la fluida yola ya por siempre de letras,
arrastrando unos soles situados en brillar

por albores del flanco que le acaricia el Sena
conmovido, o presintiendo la tarde del canto,
según que el bosque bañe, larga, cualquiera trenza,
y entremezcle tu vela a lo mejor del verano.

Mas siempre de ti cerca, que este silencio entrega
a los múltiples gritos de todo el cielo bruto,
la sombra de una hoja rala de libro alguno

se estremece, reflejo de vagabunda vela
sobre la polvorosa dermis del río verde,
entre el largo mirar del entreabierto Sena.


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El pájaro cruel... (Valéry)

La noche toda me tuvo el cruel pájaro
al punto agudo del gozo de oír
la voz que envía su furor tan tierno
al cielo ardiente de astros hasta el alba.

Hiendes el alma y el destino fijas
de tal mirar que no ha de recobrarse;
cuanto fue lo transformas en ceniza,
oh voz tan alta, del instinto éxtasis...

El alba por la sombra esboza el rostro
de un día hermoso que me es nada ya
–un día más: sino vano paisaje,
pues, ¿qué es un día sin el rostro tuyo?

¡No!... Hacia la noche mi alma trastornada
rehúsa el alba y la joven jornada.




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"Sólo converso..." (Ricardo Reis)

Sólo conservo el vínculo del viento
Con las cosas lejanas.
Los montes, a lo lejos, suspendidos,
Son azules. Y aquello que no cae
Es verde. Pero yo nunca podría
Desvivirme por pájaros y luego
Comérmelos servidos en un plato
Con crueles amapolas.
¿Por qué de noche siento tanto frío?
¿Por qué de pronto olvido hasta mi nombre?
No es fácil caminar entre el tumulto.
Al bostezar recuerdo que estoy vivo.
Evitaré perder todo mi tiempo
Pensando en lo que es bueno o malo.
Me vestiré de rojo, verde y blanco,
De claro negro y negro anaranjado,
Seré el camaleón de lo distinto,
El imposible campo de lo mismo.
Seré la pausa y la extensión de todo,
Dispuesto a ser comprado y ser vendido.


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"Rien, rien..." (Gérard de Pompiffier)


Rien, rien qu’esprit blessé, étang de sang pour corps :
rien que douleur de feu, bouillonnement et vide
m’éveille la conscience, attirée du mourir,
aimant au cœur du noir essentiel, mort qui pousse ;

et pourtant ce diamant s’échauffe à l’occasion
et ses éclats d’azur me sauvent d’être libre
face au soi-même, doute aux sentiers insondables
parcourus affligé par le sommeil du soi ;

puisque tu es la flamme qui égaie cette nuit,
rose flamboyante du jardin qui se fane,
dont l’ardeur, cours de sang, abreuve l’égaré,

et puisque tu es encor, l’éveillant, ce diamant,
ne cesse de t’étendre au fond de ma douleur
pour m’extraire en diamant qui résiste ton feu.

Michel Deguy de dermis rápida




Traducción de Pablo Fante publicada en Revista Nigredo, Vol. 1, París, 2003.




            Las piedras bajo fierros
            Se alza uno en casa
Ruido de mujeres rasgando las sábanas
Y rayas en el acuario de los pintores
Pulpo de venas sobre el sofá hasta el ano
Alegre el agua junto sueño mientras que
           Alertado por el alma tomada
           Dona sus últimos momentos


          Les pierres mises aux fers
          Un s'élève dans la maison
Bruit de femmes déchirant les taies
Et raies dans l'aquarium des peintres
En poulpe les veines sur le divan jusqu'à l'anus
L'eau joviale à côté du sommeil tandis que
          Prévenu par l'âme prise
          Il lègue ses derniers moments


.


Muelle gris le surge el cebo de nieve
El día se apaga pues coinciden
El hombre y la mujer trocan su rostro
El vino lento va sobre el cuadro
Al transcurrir en su clepsidra de vidrio
Y el célero artista corazón de símbolos
En confianza dada duda:
¿Será la piedra más bella en el muro?




Quai gris d'où tombe l'appât de neige
Le jour décline dans sa coïncidence
L'homme et la femme échangent leur visage
Le vin est lent sur le tableau
À passer dans son sablier de verre
Et l'artiste rapide au cœur par symboles
Doué de confiance hésite :
La pierre est-elle plus belle dans le mur ?


.



Barca excitada y pavillones donde el cuerpo
Se viste con la impaciencia que le asemeja
Y su pensar luego llvado a las entrañas
Sabe esto:

           Profundo gesto del partir
           La arteria conmueve al brazo
           El hueso roda con estela de sangre




Barque exaltée en pavios où le corps
Se vêt de l'impatiente qui lui ressemble
Et sa pensée alors conduite aux entrailles
Connaît ceci :


            Profond mime du départ
            L'artère émue le bras
            L'os étrave à sillage de sang

.



Se necesita un lector un gesto un papel
Un espejo Eres rostro mi hoja mi escotadura
Soy el tejido para que seas tu vacío La superficie
Para que arrgue la mano Aber del agua aguda
Raíz donde el suelo tirita Tu blanco mi negro
El hueco a mi dificultad el blanco para ser
El trazo que no seré Eres piel para
Mi alfabeto Fui el aire para que airearas
Alvéolo para que fueses cuenca



Il est besoin d'un lecteur d'un geste d'un papier
D'un miroir Tu es visage ma feuille mon échancrure
Je suis le tissu pour que tu sois ton vide La surface
Pour que froisse la main L'aber où l'eau s'aiguise
Racine où le sol tressaille Ton blanc mon noir
Le creux pour ma difficulté le blanc pour que je sois
Ce dessin que je ne serais pas Tu es peau pour
Mon alphabet J'étais l'air pour que tu n'égorges
Alvéole pour tu fusses arcade



Michel Deguy nació en Francia en 1930; los poemas traducidos fueron publicados en Ouï dire (París, Gallimard, 1966).

Lucian Blaga en el angosto arcaduz: traducción de dos poemas




Traducción del rumano por Mihaela-Alina Proca y Pablo Fante publicada en Revista Nigredo, vol. 1, París, 2003.


La Luz

La luz qe siento
invadir mi pecho al verte,
¿no es quizá una gota de luz
creada el primer día
de aquella luz, honda sed por la vida?

La nada yacía en agonía,
cuando solo en la sombra flotaba, y dio
un signo, lo Impenetrable:
"¡Qué sea la luz!"

Un mar
y una borrasca alocada de luz
instantánea se creó:
sed era de pecados, de ardores, de impulsos, de pasiones:
sed de humanidad y sol.

Pero, ¿dónde se enterró la cegadora
luz de aquel tiempo: quién sabe?

La luz, que siento invadir
mi pecho al verte, hermosa, es quizá la última gota
de la luz creada el primer día.



Lumina


Lumina ce-o simt
năvălindu-mi în piept când te văd,
oare nu e un strop din lumina
creată în ziua dintâi,
din lumina aceea-nsetată adânc de vieaţă ?


Nimicul zăcea-n agonie,
când singur plutea-n întuneric şi dat-a
un semn Nepătrunsul:
"Să fie lumină !"


O mare
şi-un vifor nebun de lumină
făcutu-s-a-n clipă:
o sete era de păcate, de doruri, de-avânturi, de patimi,
o sete de lume şi soare.


Dar unde-a pierit orbitoarea
lumină de-atunci - cine ştie?


Lumina, ce-o simt năvălindu-mi
în piept când te văd - minunato,
e poate că ultimul strop
din lumina creată în ziua dintâi.


 .


Silencio

Tan hondo silencio en derredor, que parezco oír
cómo chocan al cristal los rayos de luna.

En el alma
me ha despertado una voz ajena
y canta un cantar, en mí, el valle que no es mío.

Dícese que los antepasados, muertos sin la edad,
con sangre joven aún en las venas,
con fuego grande en la sangre,
con vivo sol en el fuego,
vienen.
Vienen a proseguir
en nosotros
sus vidas no vividas.

Tan hondo silencio en derredor, que parezco oír
cómo chocan al cristal los rayoz de luna.

Oh, ¿quién sabe, soplo mío, en qué alma cantarás
a tu vez, por los evos,
sobre cuerdas dulces de silencio,
harpa de tinieblas, la nostalgia estrangulada
y la trozada alegría de vivir? ¿Quién sabe? ¿Quién sabe?



Linişte


Atâta linişte-i în jur de-mi pare că aud
cum se izbesc de geamuri razele de lună.


In piept
mi s-a trezit un glas străin
şi-un cântec cântă-n mine-un dor
ce nu-i al meu.


Se spune că strămoşi care au murit
fără de vreme,
cu sânge tânăr încă-n vine,
cu patimi mari în sânge,
cu soare viu în patimi,
vin,
vin să-şi trăiască mai departe
în noi
viaţa netrăită.


Atâta linişte-i în jur de-mi pare că aud
cum se izbesc de geamuri razele de lună.


O, cine ştie - suflete,-n ce piept îţi vei cânta
şi tu odată peste veacuri
pe coarde dulci de linişte,
pe harfă de-ntuneric - dorul sugrumat
şi frânta bucurie de viaţă? Cine ştie?
Cine ştie?


Lucian Blaga: nace en Transilvania en 1895; de formación teológica, filosófica en Viena, es luego diplomático, exiliado interno en 1948; desaparece en 1961.

lunes, 14 de junio de 2010

Lanzamiento del poemario "Sed de fluir" de Pablo Fante



Lanzamiento del poemario Sed de fluir de Pablo Fante

Chancacazo Publicaciones

Viernes 18 de junio - 19h45
En: L'Aperitivo - Av. Italia 1152, Providencia

Presentación por Juan Cristóbal Romero.
Lectura acompañada musicalmente enʿūd y ney por Adel Abed Chehab.

La velada será prolongada por Los Diablillos (cuarteto de salsa).

Breve espuma de unos sonetos de Camões

 

(Publicados en Revista VA, n. 2, Santiago, 2009)



    Cantaré yo de amor tan dulce,
por voces en sí tan juntadas,
que de amor dos mil nadas
sentirá el pecho que no sufre.
    Haré que alumbre Amor,
trazando mil esfinges blandas,
errados soplos, iras ralas,
osadías y el ausente dolor.
    Y, Mujer, del desdén honesto
de tu vista azul, peligrosa,
diré sino la menor parte,
    pues, para cantar de tu gesto
la fórmula alta y milagrosa,
falta saber, ingenio y arte.


    Eu cantarei de amor tão docemente,
Por uns termos em si tão concertados,
Que dous mil acidentes namorados
Faça sentir ao peito que não sente.
    Farei que Amor a todos avivente,
Pintando mil segredos delicados,
Brandas iras, suspiros magoados,
Temerosa ousadia e pena ausente.
    Também, Senhora, do desprezo honesto
De vossa vista branda e rigorosa,
Contentar-me-ei dizendo a menor parte.
    Porém, para cantar de vosso gesto
A composição alta e milagrosa,
Aqui falta saber, engenho e arte.



·


    Si al perderte, Esperanza,
también la memoria marchara
del bien pasado y mal actual
menguaría este dolor visceral.
    Mas Amor, íntimo en confianza,
repite hoy claramente
horas alegres,
atibórrame el ojo en remembranzas:
    cosillas invisibles
relegadas en la memoria
que ahora me acosan.
    Cruel sino de tormentas,
¿por qué este mal visible
de memorias perdidas y aún bellas?


    Se quando vos perdi, minha esperança,
A memória perdera juntamente
Do doce bem passado e mal presente,
Pouco sentira a dor de tal mudança.
    Mas Amor, em quem tinha confiança,
Me representa mui miudamente
Quantas vezes me vi ledo e contente,
Por me tirar a vida esta lembrança.
    De cousas de que não havia sinal,
Por as ter postas já em esquecimento,
Destas me vejo agora perseguido.
    Ah, dura estrela minha! ah, grão tormento!
Que mal pode ser mor que, no meu mal,
Ter lembrança do bem que é já perdido?




.



    Mútanse los tiempos, muta el querer,
mútase la confianza, muta el ser;
todo el mundo es mutar,
siempre otra cualidad:
    siempre primicias manan,
tan ajenas de la esperanza;
del mal queda el dolor en el recuerdo,
y del bien (¿hubo?) los remordimientos.
    Que el tiempo cobre al llano el verde manto
o que se cobre ya con nieve,
vierte aun en llanto el dulce canto.
    Y, además de que muta siempre,
otro es su mutar, y de más espanto:
que no muta ya como antaño.


    Mudam-se os tempos, mudam-se as vontades,
Muda-se o ser, muda-se a confiança;
Todo o mundo é composto de mudança,
Tomando sempre novas qualidades.
    Continuamente vemos novidades,
Diferentes em tudo da esperança;
Do mal ficam as mágoas na lembrança,
E do bem (se algum houve) as saudades.
    O tempo cobre o chão de verde manto,
Que já coberto foi de neve fria,
E enfim converte em choro o doce canto.
    E, afora este mudar-se cada dia,
Outra mudança faz de mor espanto,
Que não se muda já como soía.





.




    Qué sutil la naturaleza:
para huir del mundo y desengaño
deja ocultarse en tiernos años
de un bordón la belleza;
    pero cómo ocultar esa riqueza
y gravedad de ojear dominador:
¿cómo aguantar y con qué fortaleza,
hombre que soy, su resplandor?
    Por liberarnos de pena y dolor,
vista su vista en la memoria,
en el pensar condena,
    pues, si gano mirar su órbita,
me apresa; porque Amor ordena
su continua victoria.


    Que modo tão sutil da natureza,
Para fugir ao mundo, e seus enganos,
Permite que se esconda em tenros anos,
Debaixo de um burel tanta beleza!
    Mas esconder-se não pode aquela alteza
E gravidade de olhos soberanos,
A cujo resplandor entre os humanos
Resistência não sinto, ou fortaleza.
    Quem quer livre ficar de dor e pena,
Vendo-a ou trazendo-a na memória,
Da mesma razão sua se condena.
    Porque quem mereceu ver tanta glória,
Cativo há de ficar; que Amor ordena
Que de juro tenha ela esta vitória.

viernes, 7 de mayo de 2010

Sobre la composición de un poema

Existe un sorprendente texto de Edgar Allan Poe: "La filosofía de la composición" (1846). Para ilustrar sus teorías literarias, Poe escribió este ensayo, en que detalla paso a paso cómo llegó a escribir su poema "El cuervo" ("The raven"). Es fascinante.

Es un juego lúdico de Poe sobre cómo componer. Poe defiende que todo texto tiene que ser escrito con una idea clara del desenlace (adónde quiere llegar el autor). El efecto a obtener, según Poe, puede venir incluso antes que la elección de la trama o los personajes.

Sin decir más, los invito a leerlo aquí, o en el original en inglés aquí.

Sed de fluir...

Mi poemario Sed de fluir se encuentra muy cerca de ser publicado por la editorial Chancacazo, con una nota preliminar de Juan Cristóbal Romero.

Les dejo un adelanto de la portada y contratapa, a partir de la ilustración al barniz preparada por Adolfo Bimer.

sábado, 3 de abril de 2010

Pablo Fante en la 15a Lectura Los desconocidos de siempre

Por invitación de Galo Ghigliotto, a quien vi por primera vez esa noche, el 24 de enero de 2009 participamos de la 15a lectura Los desconocidos de siempre, organizada por las editoriales Fuga y Catapulta en el Bar Estación Terminal, sobre el Parque Bustamante. Leyeron también sus poemas Roberto Contreras y Juan Carlos Vidal. Los licores del bar jugaron un rol esencial en el ambiente de esa noche de verano.

Un poema de Hugo Plascencia en francés


Puedes leer aquí el poema de Hugo Plascencia "Doce campanadas", de su libro Calandrias Underground, y que traduje al francés en el año 2007.

viernes, 2 de abril de 2010

Un recuerdo de 2009: Poesía Central

Buen recuerdo del año pasado, en que participé de poesía central, tras una invitación de Juan Cristóbal Romero, que animó esa velada en el grato Rapa Nui. Siempre he admirado la amabilidad de Manuel Silva Acevedo. 

Pablo Fante en Lima

Este video fue realizado por un canal de television peruano, durante el festival internacional de poesía Novisima Verba de 2006, organizado por mis amigos Álvaro Lasso (de la pujante editorial Estruendo Mudo) y Fernando Pomareda.

jueves, 1 de abril de 2010

Un adelanto


Termino hoy por hoy mi traducción al español de Extraits du corps, del poeta francés Bernard Noël (1930). El autor, contactado por el editor, Galo Ghigliotto, se ha mostrado entusiasmado por nuestra iniciativa, y de hecho nos ha aconsejado que, siguiendo el ejemplo de la edición alemana de Extraits du corps, traduzcamos otra de sus creaciones a nuestra publicación, Les états du corps. Informaremos tan pronto se conozca la fecha de publicación.